Transcripciones Teocráticas
«No sé qué haría sin ella» «No sé qué haría sin ella»
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«No sé qué haría sin ella»

Duración: 03:15 min

TRANSCRIPCIÓN

Mi madre se bautizó en la asamblea de Nueva York de 1958, mi padre era contratista, era carpintero, así que solía traer a casa trozos de madera y otros materiales que le sobraban. Como no teníamos mucho dinero, yo usaba esos trocitos de madera para hacer mis propios juguetes y otros objetos, me gustaban mucho todas esas cosas.

Se empiezan a entretejer las tiras de bambú, son tiras largas y finas que se introducen por los agujeros de la silla, las puedes tejer hacia adentro y hacia afuera, por debajo, para que salgan diferentes figuras. Estiras unas en vertical, otras en horizontal y otras en diagonal y mientras vas añadiendo las tiras, tienes que ir viendo cómo van quedando por arriba y por abajo, se necesita mucho tacto.

Bueno, a veces la gente tiene la idea equivocada de que los ciegos tienen una capacidad mental inferior a la de quienes ven, creen o dan por sentado que sentimos y pensamos de forma diferente. Cuando conocen a un ciego se centran en su discapacidad y no se esfuerzan por conocer realmente a la persona. Es muy difícil recordar la información cuando alguien te la lee, cuando lees con los dedos es diferente, porque vas sintiendo lo que lees y llega directo a la mente, así que es más fácil acordarse luego.

El efecto es el mismo que el que siente una persona que puede leer y escuchar con la vista y el oído, te envuelves más; es muy especial poder leer por ti mismo.

Una de las cosas que más valoro, por supuesto, es enseñar a las personas lo que dice la palabra de Dios, la Biblia. En la congregación dirijo el estudio de La Atalaya y el lector es quien escoge a los que desean dar sus comentarios.

Mi Biblia tiene en la cubierta los nombres de los libros. Como ya sé, más o menos donde está colocado cada uno, es fácil, sólo tengo que acercarme, leer con mis dedos para buscar el libro y sacar el volumen de la estantería. Es estupendo poder leer yo mismo la Traducción del Nuevo Mundo, no sé qué haría sin ella.

La lectura diaria de la Biblia, fortalece mi corazón y me da mucho ánimo, me permite estar mejor preparado para ayudar a otros a superar sus problemas y seguir sirviendo a Jehová.

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