Declaremos las buenas nuevas “sin cesar”

8 meses
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Aquí se encuentra la transcripción de un video que habla sobre nuestra manera de predicar, el enlace a continuación te redireccionará a la página donde puedes descargar el video:

Declaremos las buenas nuevas “sin cesar”

Esperamos sinceramente que esta transcripción te sea de mucha ayuda. Compártelo con los hermanos para que puedan ayudarse con la transcripción, estamos seguros que más de uno te lo agradecerá.

TRANSCRIPCIÓN

[En la predicación informal y de casa en casa]

Me llamo Ezequiel. Ese era yo hace 15 años, y esos, mis compañeros de trabajo: Samuel y Daniel. Samuel siempre se portaba bien en el trabajo. Era honrado y no usaba malas palabras. Él era testigo de Jehová.

Pero Daniel no estaba de acuerdo con las enseñanzas de los Testigos y, a menudo, criticaba a los que escuchaban a Samuel y se burlaba de ellos. Un día Samuel intentó predicarle, pero Daniel se puso muy furioso.

Samuel siempre leía las revistas La Atalaya y ¡Despertad! a la hora del almuerzo, y así podía empezar muchas conversaciones sobre la Biblia.

Pero después del incidente con Daniel, la mayoría de los compañeros de trabajo no querían escuchar a Samuel. Aún así, él no se rindió.

Seguía hablándonos de la Biblia. Siempre me ofrecía las revistas pero yo nunca las acepté, aunque sentía curiosidad por saber de qué trataban, porque tenía miedo de lo que pudieran pensar Daniel y los demás.

Poco después, Samuel aceptó un empleo en otro lugar, y no volví a verlo durante años. Pero nunca olvidé que él siempre mantuvo la calma a pesar de todos los insultos de Daniel. Su buena conducta me dejó una profunda huella. Fue como si plantara una semilla en mi corazón.

Unos años después de mi primer contacto con los testigos de Jehová, mi único hijo enfermó de repente y murió. Mi esposa y yo estábamos destrozados. Aunque pertenecíamos desde niños a una comunidad religiosa, nada de lo que nos habían enseñado nos consolaba. Algunos miembros de nuestra iglesia hasta nos decían que Dios se lo había llevado porque necesitaba a otro ángel. Nos sentíamos abatidos. Al final, le suplicamos a Dios que nos ayudara a entender por qué había muerto nuestro hijo.

Cuando oímos que llamaban a la puerta, pensamos que eran ángeles. Era una pareja muy bien vestida que nos ofreció el tratado ¿Qué esperanza hay para los seres queridos que han muerto? Los testigos de Jehová ya habían venido antes, pero esta vez fue diferente. Nos mostraron con la Biblia que podríamos ver a nuestro hijo Johnny de nuevo, y escuchamos con mucha atención. Nos sentimos muy aliviados.

Y cuando dijeron que eran testigos de Jehová, enseguida pensé en Samuel y en las veces que intentó predicarme años atrás. ¿Era esto lo que trataba de enseñarme? Me sentí muy agradecido de que los Testigos nunca se rindieran ni dejaran de llamar a mi puerta, de que Jehová me diera otra oportunidad.

[En la predicación pública y al hacer discípulos]

Cuando Solomon y Mary empezaron a estudiar la Biblia con nosotros, Abigail y yo progresamos rápidamente. Al final, llenamos los requisitos para predicar y después nos bautizamos.

Con el tiempo, se organizó la predicación pública en nuestra congregación, y los ancianos aprobaron que nosotros participáramos en ella.

Era un enorme privilegio realizar la misma obra que hacen nuestros hermanos por todo el mundo. Pero no lo disfrutábamos de verdad porque no teníamos mucho éxito. Un día en que no nos fue nada bien, nos miramos y dijimos: “Bueno, parece que Jehová no impulsó a nadie a acercarse”.

En la siguiente reunión, le pedí ayuda al hermano Solomon. Me mostró el Ministerio del Reino de abril de 2015, que explica qué hacer y qué no hacer en la predicación pública. Me dejó claro que el objetivo de este tipo de predicación no es solo dar publicaciones, sino dirigir a las personas a jw.org, atender pronto a los que muestran interés y empezar cursos bíblicos. Le di las gracias y le dije que le mostraría a Abigail lo que me había explicado.

Analizamos el artículo en la Noche de Adoración en Familia y nos propusimos poner en práctica las sugerencias. Todo cambió mucho cuando nos dimos cuenta de que el problema éramos nosotros. Ahora que tratamos de iniciar conversaciones, en vez de quedarnos simplemente parados, disfrutamos mucho más de la predicación pública y hasta hemos empezado algunos cursos bíblicos.

Conocí a Samuel hace 15 años, y las cosas han cambiado mucho desde entonces. Hemos progresado mucho. Aunque al final se fue a una congregación donde había más necesidad, hace poco nos visitó como superintendente de circuito, y disfrutamos mucho de volvernos a ver.

Deseaba predicar con él, pero estaba un poco nervioso porque él es un excelente maestro, y a mí me cuesta mucho hacer revisitas a los que han mostrado interés. Fuimos a hacer una de mis revisitas. Invité al señor al discurso público pero me puso la misma excusa de siempre.

Entonces le di la última revista que puso junto a las muchas otras que ya tenía. Samuel me preguntó cuánto tiempo hacía que visitaba a Isaac y cuántas veces había asistido a las reuniones. Le dije que lo visito desde hace años, pero nunca ha ido al Salón del Reino. Entonces me preguntó si desea estudiar la Biblia. Y me mostró lo que dice Hechos 13:48:

“Todos los que estaban correctamente dispuestos para vida eterna se hicieron creyentes” (Hechos 13:48)

Con cariño, me dijo que quizás era mejor que me concentrara en buscar a los que de verdad “tienen hambre y sed” de la verdad. Y aunque no tenemos que darnos por vencidos enseguida, debemos ver señales de que las personas progresan y aprecian nuestras visitas. Entonces, me recordó mi caso. Y es cierto. Cuando trabajábamos juntos en la empresa, yo no tenía verdadero interés en la verdad. Pero al morir mi hijo estuve dispuesto a escuchar de Jehová.

Le di gracias por su ayuda, pues deseo sinceramente aprovechar bien el tiempo para ayudar a las personas a progresar. Claro, no voy a olvidarme de Isaac. Seguiré visitándolo de vez en cuando. Pero si alguien no da pasos en la dirección correcta, buscaré a otros, pues la obra es urgente y hay vidas en juego.

¿Que opinas?